lunes, diciembre 18, 2006


"LOS PASAJEROS CON VEHÍCULO ABORDO PUEDEN BAJAR AL PARKING....". Eran las ocho y media y el último barco a Formentera salía en ese instante. Jota estaba algo nervioso. Aunque nadie le esperaba hasta el día siguiente, tenía ganas de llegar y conocer la única isla de las Baleares que le quedaba.
La terminal de Flebasa estaba en la otra punta del puerto de Ibiza. Estaban embarcando un camion de cervezas, así que tuvo tiempo suficiente para sacar el ticket y embarcarse.
Luna llevaba dos años viviendo en La Mola, tenía dieciseis años y un largo pelo rasta de color rubio que caía por sus hombros. Había llegado a la isla con sus padres desde Alemania, para unas vacaciones pero decidieron quedarse.
Vivían en una casa payesa cerca de Es Caló y se dedicaban a hacer collares y pulseras que vendían donde podían. Sobre todo en el mercadillo de los domingos en la Mola. A Luna lo que mas le gustaba era cantar al lado de su hermano Udo, bien en el mercadillo, o en la plaza de San Ferran, por las noches.
El mercadillo de la Mola tenía un sabor especial, distinto a todos. Aún mantenía, aunque cada vez menos, el espiritu hippie que tuvo Formentera años atrás. Pareos, telas de la India, pulseras, pendientes todo mezclándose en una placita de arena rodeada de chamizos de madera y abarrotada de gente.
Luna era una muñequita. Sus grandes ojos azules resaltaban en su redonda y morena cara. Todas las mañanas cogía su bicicleta y se acercaba a alguna de las playas de la isla. Le encantaba el mar y siempre que podía pasaba todo el día hasta la puesta de sol. El atardecer era el momento del día que mas le gustaba. Tenía un color especial, que contrastaba con la luminosidad habitual de la isla.
Luna recogía conchas y piedras de la orilla para hacer colgantes y pulseras con ellas.

Aquel quince de agosto, Luna tenía que acercarse al puerto de la Savina para recoger un paquete de cordones de cuero que su padre había encargado en Ibiza. No tenía que ir hasta las diez, así que se entretuvo en San Francesc paseando por la calle peatonal.
San Francesc, San Ferran y Es Pujols eran con la Savina y el Pilar de la Mola las únicas poblaciones de Formentera. A primeros de agosto, la isla estaba llena de turistas, sobre todo italianos y alemanes, aunque éstos acostumbraban a llegar mas tarde. A los formentereños, tanto de nacimiento como de adopción, no les gustaba demasiado esa avalancha de gente que llenaba las escasas carreteras de coches y ciclomotores. Y todos esperaban que no le ocurriese a la isla lo mismo que había pasado con Ibiza o Mallorca, pero por otro lado era una fuente de ingresos importante para ellos.
Luna se detuvo un rato a charlar con Per, un ex yonky sueco que llevaba ya diez años viviendo en Formentera.
-"Hola , princesita. Anoche estuviste genial, cada día cantas mejor. ¿Por que no fuiste a la fiesta de la luna llena?"-
-"No pude, me quedé cuidando a los niños de Carla. ¿Vas a llevarte la guitarra esta noche?"- Per asintió con un gesto. Se despidieron con la mano y Luna continuó caminando por la plaza. Se puso la chaqueta. -"Para ser quince de Agosto, hace algo de frio"- se dijo.

La bodega del barco estaba semi-inundada de cerveza. Jota miraba entre incrédulo y divertido el desarrollo de los acontecimientos. Un volquete de gravilla que estaba situado al lado del camión de cervezas, se había desplazado con el oleaje. Las cajas situadas en lo mas alto del camión habían caido y la Norton y una BMW de un italiano estaban ahora pisando litros de San Miguel.
Jota subió a cubierta, no quería marearse y el mar estava un poco movido. El sol ya se había puesto y la visibilidad era escasa. A Jota le habría encantado ver como se aproximaba
el barco a la isla, pero lo único que podía divisar eran las pequeñas lucecillas de una costa por otro lado escasamente iluminada. Siempre recordaba "La isla del tesoro" cuando navegaba y esta vez tampoco fue una excepción.
Realmente estaba ansioso por llegar. Había escuchado tantas cosas de Formentera que quería comprobarlo por si mismo.
En cubierta viajaba una pandilla de quinceañeros que habían pasado el día en Ibiza. Iban hablando de sitios que Jota ya conocía por referencias y señalaban los puntos de luz de la isla diciendo cosas como _¡Mira, eso es el pirata!_ o _Desde aquí se pueden ver los puestos de Es Pujols_.
El barco era un pequeño ferry bastante destartalado pero tenía su encanto. No tenía nada que hacer al lado de los rápidos que hacían el mismo trayecto en veinticinco minutos, pero ganaba en capacidad de carga y mantenía cierto aire de barco de pelicula de aventuras.

Luna dejó la bicicleta en la entrada de la terminal del puerto. Las taquillas estaban ya cerradas y el bar de la estación marítima estaba practicamente vacío. Sólo un grupo de tipos con pinta de marineros bebían y fumaban en la barra. Luna se acercó al muelle. Se sentó en lo alto del muro del espigón y miró hacia Ibiza.
_¡Eh, princesa, tengo una cosa para tí!_. Un hombre con uniforme agitaba un paquete en la mano, mientras se dirigía hacia Luna.
-"Creia que lo traian en el último barco, ¿has tenido que esperarme?"- "No te preocupes"-, contestó el hombre, -"tengo guardia esta noche así que me iba a quedar de todos modos"-.
Luna recogió los cordones de cuero, se despidió del los hombres del bar, recogió su bicicleta y pedaleando lentamente se encaminó a su casa.
El ferry entraba en la dársena del puerto. Jota bajó a la bodega. .......