martes, julio 15, 2008


Hace tiempo que no me gusta asistir a festivales, macrofestivales o conciertos en recintos grandes. Al último que fuí fue el de Pereza en las Ventas, y por acompañar a una adolescente por la que siento tanta debilidad como para meterme de lleno entre niñatos pasados de sustancias cantando como berracos y empujándome sin pudor.

De esta forma obvié ir al macro bodrio del Rock in Río. A pesar de que actuaban Neil Young , Jack Johnson o Bob Dylan.

El caso es que vi el concierto de Neil Young por la tele. Y ante mi pasmo pude ver como el respeto de la televisión nacional por la MÚSICA es cero. Una leyenda actuando con una vitalidad y unas formas envidiables era repetidamente cortado (y en ocasiones en medio de una canción) por bloques publicitarios interminables o por las bromitas estúpidas de alguno de los presentadores de ese programa musical de TVE que prescindió de su director/creador en la segúnda emisión. (no disparen al pianista).

Me indigné, cabreé y pataleé. La música no debe ser cultura. Que hubiera pasado si nos hubiéramos perdido el gol de torres en la final de la eurocopa por enterárnos de las bondades de un detergente o de unas compresas con alas. Lamentable.

Del macro festival, prefiero no hablar. Tanto bombo y tanta leche para que me castren las pocas actuaciones que me interesan y en cambio malgasten tiempo informando de los famosetes que asistieron. Prefiero Disneyworld.

Me adhiero firmemente al gesto de Johnny Cash en la foto. Va por ustedes, directivos de TVE.