viernes, octubre 27, 2006

Police and thieves


Veníamos de tocar en un pueblo de Valencia, ahora no recuerdo el nombre. Como ibamos muy pillados de dinero decidimos volvernos esa noche después de cobrar. Salvador conducía y yo iba a su lado. Tom, Ramón y su chica iban durmiendo detrás. Era un dodge, o algo así, que estaba a nombre de su famosisima hermana, una folclórica. Salvador iba puestísimo de speed. No se si por aguantar las duras negociaciones para cobrar, para no dormirse en la carretera o por puro vicio. Debí quedarme dormido poco tiempo antes. Desperté con una metralleta Z-70 apuntandome en la cabeza. -¿Pero qué coño hemos hecho, joder?- Todos estaban tan sorprendidos como yo, así que pregunte a Salvador.-¿Tío, has hecho alguna burrada?-. No me contestó, estaba como tetanizado por el speed. Nos hicieron salir del coche y nos pidieron la documentación. El madero que se encargaba de mi no paraba de meterme el cañon de su juguetito en los riñones, cosa que me estaba empezando a joder. Yo no había hecho nada así que se podía tranquilizar un poco. El tipo me pidió le documentación. Saqué el carnet de identidad, el antiguo, ese azul enorme. La foto se deslizó suavemente por el despegado plastificado y planeó como con recochineo hasta los pies del poli.
-Tu fijo que te vienes con nosotros. Tus amigos no se-. Me metió nuevamente el cañon en la riñonada y yo le miré como haría Clint Eastwood en el jinete pálido. Me esposaron. La chica de Ramón, estaba lloriqueando y Tom me decía con señas que me callara. En todo esto ya eran cuatro las lecheras que nos acompañaban. - Abrid el maletero. - Ya fijo que no me voy yo solo-. Le dije al madero malo. Efectivamente cuando Salvador abrió el maletero, uno de los polis le pidió que sacara las bolsas. Cuando vió el maletín se le iluminó el careto. - Abreló- .Ahí estaba aproximadamente el kilo que habíamos cobrado, en billetes guarros y totalmente esparcidos por el maletín. A mi me llevaron esposado en una de las lecheras, las otras dos escoltaban el dodge.Estaba amaneciendo cuando llegamos a la comisaria de Pinto. A los demás se los llevaron y a mi me dejaron en una oficina con todas las bolsas, el maletín y rodeado de maderos. Les dije cien veces que veníamos de tocar, que llamaran a la compañía de discos y a la oficina de management y que les dirían quien eramos. Nada, se la sudaba totalmente. Habían cogido a unos delincuentes con un millón de pesetas y estaban encantaditos. Me ordenaron que sacase las cosas de las bolsas. Yo como no había hecho nada y estaba tranquilo y cabreado. Fui enumerando una a una cada una de las prendas que iba sacando de las bolsas de mis compañeros. Sabía que con la mía iba a tener problemas. Efectivamente, en mi bolsa llevaba sueltos tres pedales de efectos, un compresor, un delay y una distorsión. Lo de el compresor les debió sonar mal.-¡Que no lo toques coño!- y otra vez tenía el cañon de la zeta tocandome las lumbares. Les intente explicar lo que era, pero de repente se fué la luz.
Acojonante....Sería la tormenta de verano. El caso es que escuche un montón de clicks y enseguida volvió la luz. En mi vida había visto tantas pistolas juntas apuntándome. Entró un menda con pinta de comisario y los hombres de harrelson se fueron tranquilizando. -Sabéis a quien le habéis robado el coche ¿no?- Intenté explicarle nuevamente quienes éramos y que llamara a nuestra oficina. Nada. Me pidió que le dijera cuánto dinero llevabamos en el maletín. Aproximadamente un kilo, le dije sin pensar. Por lo visto eso le tranquilizó. Mas tarde nos diría que no es normal que despues de dar un palo a varias gasolineras, supieramos casi exactamente el dinero que llevabamos. Trajeron a Salvador, tan tetanizado como antes. El tío es que ni hablaba.- Joder Salva, diles quienes somos, quién es tu hermana, pero habla joder!-. Antes de que articulase palabra, uno de los maderos que estaba registrando el coche entró con una hoja de papel que reconocí perfectamente. Era la hoja de ruta. Donde se establecen horarios, hoteles, hora de prueba de sonido, hora del concierto, etc... La cosa se fue solucionando, pero muy lentamente. Se dignaron a hacerme caso y llamaron a nuestra oficina de management. Salvador habló por fin y el comisario se confeso fan de su hermana. A las nueve de la mañana todo eran disculpas y peloteos. No quise estar mas tiempo esperando así que pillé un taxi hasta mi casa. Tiré la bolsa en un rincón me quité la ropa y me acoste a su lado.- Ya estás aquí. - Eso creo. No pude dormir. Fantaseé con dedicarme al crimen organizado. Una especie de Santino Corleone. Al final me dormí.