viernes, noviembre 30, 2007

Nunca mais

La luz de la calle te ha despertado definitivamente. Llevas ya un rato tratando de evitarla con la cabeza debajo de la almohada, pero es inutil. Estás incómodo y nervioso.
Tu vejiga va a estallar, pero eres incapaz de levantarte.
Te juras no volver a meterte nada. Prometes no volver a beber, pero sabes que lo vas a volver a hacer muy pronto. Probablemente esta misma noche.
A tu lado duerme una mujer a quien no conoces. Es mas, a quien ahora odias. Ella no tiene ninguna culpa de tus demencias afectivas. Pero no puedes evitarlo. Te sientes sucio. Te culpas por haber dejado ir demasiado lejos la situación.
Anoche te pusiste como una moto y acabásteis en tu casa. Ibais hasta arriba y follásteis como locos. Estuviste hasta cariñoso con ella.
Probablemente se esté haciendo una idea equivocada de tí. Pero te da igual lo que pueda pensar. Ella no cuenta. Tan sólo es parte de esa especie de venganza emocional que tu practicas. Aun así, sabes que lejos de sentirte mejor, te vas a angustiar cada vez un poco mas.
Observas como duerme. Levantas un poco la sábana. Te fijas en ella. Realmente tiene un culo precioso y el resto tampoco está mal.
Lo darías todo por enamorarte perdidamente de ella, pero no puedes.
No eres un mal tío pero ahora te das asco. No se puede abrazar un deseo y sigues intentándolo. Ese es tu problema.
Tu cuerpo va reaccionando poco a poco.
Te duele la nariz, te arde la boca del estomago y tienes unas ganas increibles de mear.
Te levantas de la cama y vas al cuarto de baño. Te miras en el espejo y te sientes mal. Sucio y culpable.
Escuchas su voz. Te llama desde la habitación. No contestas. Ella no utiliza tu nombre, sino un diminutivo cariñoso que te pone enfermo. Sin responder vuelves a la habitación.
Te besa muy suave, con los ojos cerrados y te dice que te quiere al oido. Esto te revienta, pero te pegas mas a ella.
Volveis a follar. Ahora duermes mas profundamente que antes. Relajado y de un tirón.
Cuando te despiertas, te das cuenta de que estás solo en la cama. Escuchas su voz que llega desde el salón. Está hablando por teléfono. Su voz parece alegre, aunque no entiendes lo que dice. Quieres que se largue, pero por otro lado sientes algo parecido a la lástima.
Allí tumbado en la cama te vas agobiando progresivamente.
Te sientes mal. Como si le hubieras puesto los cuernos a tu mujer. No es así. No tienes mujer, estás solo y aun así tienes un sentimiento plomizo de culpabilidad. No has engañado a nadie y ella ya es mayorcita.
No te has comprometido a nada pero sientes que te has fallado a tí mismo, o por lo menos tienes esa sensación.
Te levantas. Ella está desnuda en el sofá ojeando tus dibujos. No te gusta que lo haga, pero no dices nada.
Te mira sonriendo y tu quieres que se marche. Te sientes tremendamente incómodo. Te gustaría salir, pero estás en tu casa. Tratas de inventar una buena escusa. Le hablas de no se qué obligación familiar y le pides que se vista.
Ella mira con contrariedad pero te abraza nuevamente.
Le das un beso aséptico y dices que tienes que comer con tu padre, o tu primo o con quién sea.
Os poneis la ropa. Tu lo haces rapidamemente. Ella parece que no va a acabar nunca.
Te sientes obligado a llevarle a su casa. Es lo que menos te apetece.
Aun hueles a ella y tienes una necesidad imperiosa de ducharte pero ahí estás, conduciendo como un robot mientras soportas su mano sobre la tuya.
Concentras la vista en la carretera. Ella no para de hablar. No recuerdas su nombre y seguramente vas a olvidar su cara en muy poco tiempo.
A veces te produce un poco de verguenza ajena. Eso es definitivo para tí.
No te gusta la forma en que estás actuando y te consuelas pensando en que no has sido tu quien ha forzado la situación.
Si ha sido capaz de irse contigo en el estado que debías tener anoche, es que no merece la pena angustiarse con el tema. Pero te angustias. No por ella sino por ti.
Llegas a su casa. Un barrio residencial en las afueras de Madrid. Paras el coche pero no quitas el contacto. Ella te abraza. Dice que te llamará y a ti te da por el culo. Pero ella no tiene la culpa de tus mierdas.
Ahora si que paras el motor del coche. Aun sujetas el volante con las dos manos. Sin dejar de mirar el salpicadero le dices que es mejor que no te llame. Intentas pedir perdón por no sentir nada especial por elle. Te estas liando. Estás quedando como un memo presuntuoso. Parece confundida. Intenta que mires a sus ojos pero no lo haces.
Continuas dando explicaciones pero ella te corta con una sonora carcajada. Ahora el confundido eres tú.
Te escupe lo equivocado que estas y te indica que mires hacia el garaje de su casa.
Te fijas en dos bicicletas de niño. Te explica que son de sus hijos. Te habla de ellos y tambien de su marido. De lo importantes que son para ella y de lo mucho que les quiere. También de lo poco que significa esta noche para ella. Continúa diciendote que estabas en el lugar indicado en el momento preciso. Que necesitaba demostrarse alguna cosa a si misma. Te sorprende la seguridad con la que habla. Te miras en el retrovisor y sonries con cara de bobo. Ella sigue su monólogo. Ni se arrepiente ni se siente culpable. Te dice cariñosamente que tienes un buen culo y que el polvo no ha estado mal pero que no va a repetir.
Ahora te pide perdón por que no recuerda tu nombre pero te tapa la boca con la mano antes de que lo digas. Te dice que es mejor así. Te sientes estúpido, como empequeñecido.
Mientras vuelves a casa piensas en lo sucedido. Aun hueles a ella pero ya no necesitas ducharte. Es mas te gusta su olor.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Es increíble como los seres humanos nos complicamos la vida... si alguien nos quiere, nos repugna, pero si nos humilla, o si le somos indiferentes, o si nos desprecia entonces nos interesa, le buscamos... cada esclavo buscando a su amo, cada amo despreciando a su esclavo... ¿no sería más sencillo disfrutar de todo lo que los demás nos dan? Un polvo agradable, una conversación interesante, cualquier cosa sin amargarnos la vida?

chicatriste dijo...

Es difícil despegarnos de esta contradicción que nos persigue en cada cosa que hacemos.A veces incluso pienso, que nos negamos a ser felices aunque pasemos todo el tiempo intentando serlo.
Me ha llevado hasta ti, una cancion de Antonio Vega, será que la tristeza, todavía me persigue?

atikus dijo...

Es curioso como uno se anticipa a problemas o culpas antes de que surjan, por lo menos en mi caso, y como eso reduce aveces las relaciones personales. Esta situación descrita no me ha ocurrido exactemente igual, pero sí parecida y entiendo perfectamente esa desazón, en fin no se puede rellenar un cuestionario antes de u polvo ¿no? ;)

porcierto, estupendo concierto el sábado.

Anónimo dijo...
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Juanma dijo...

para comentarios absurdos,(va por el que he borrado) prefiero que me lo digas personalmente, es facil encontrarme.
Por otro lado el 95 por ciento de los relatos estan escritos hace tiempo y muy lejos en cuanto a mi situación personal asi que no analices, simplemente lee o no leas si lo prefieres.