miércoles, abril 11, 2007

Sweet home?



Vivía en un bajo con jardín. Una pequeña parcela descuidada de de seis por cuatro metros. Una planta de marihuana que cuidaba sólo por incordiar y una asalvajada hiedra eran
los únicos testigos de sus idas y venidas.
La casa era pequeña. Salón con cocina americana, cuarto de baño y dos habitaciones, una de ellas minúscula.
Encima de una radio antigua reposaban dos botellas de whisky vacías. A pesar del caótico aspecto, la casa estaba casi siempre límpia.
Su psicólogo le había dicho mil veces que se deshiciera de los trastos inútiles. Pero su psicólogo no tenía ni puta idea.
Encima de la televisión un montón de libros hacían equilibrio, entre anillos y relojes estropeados.
Una guitarra de marca dormía encima de una montaña de ropa y un enorme frigorífico amenizaba con su ronroneo el silencio momentáneo.
No era su casa, nunca la sintió como suya.
Su casa fue otra. Una en la que todo parecía ir bien. Y a pesar de contar con el mismo mobiliario, sus cuadros o sus fotos ésta no era su casa.
Se levantó del sillón de tapicería escocesa y busco entre el taco de discos del estante inferior de la estantería.
Tom Waits. The heart of saturday night. Lo puso. Un canal no sonaba, pero daba igual. No tenia reproductor de CD y decía que nunca lo tendría. Se tumbó de nuevo en el sofá y cerró los ojos.
Intentó regular su respiración como le habían dicho. Tomando aire muy despacio como si hinchara un globo justo en su estómago y expulsándolo lentamente, que durara al menos treinta segundos.
Se imaginó a sí mismo paseando por la playa, descalzo, notando sus pies enterrarse en la arena ligeramente húmeda.
Podía notar la brisa en su cara y el olor a salitre. Estuvo así unos veinte minutos hasta que el teléfono le devolvió a esa casa que no era su casa.

1 comentario:

Landon Sainez dijo...

Es genial ver como la escritura y lectura están retomando el resplandor que estaba acabando los materiales de política, asesinatos y erotismo, hace poco tuve la dicha de ir al festival Cervantino en Guanajuato y se puede ver como los libros mexicanos se van ganando el respeto de los lectores.